MORADÍA DO CONTENTOR

Proyecto: Estudios sobre vivienda mínima y construcción de prototipo
Situación: Val Miñor, Pontevedra
Fecha: 2006/2007
Arquitectos: Severo Fernández Castro, Ana García Boutureira
Colaboradores: Silvia Queiroga - Arquitecta

Una parcela con orientación suroeste en una de las vertientes de Valle Miñor, a camino entre un pequeño núcleo rural de viviendas aisladas, y un frondoso bosque de pinos y robles, es el lugar del que partimos para la ubicación de un pequeño refugio de fin de semana, en el que se intenta dar solución a un sencillo programa vividero en muy pocos metros.

La dificultad de la solución radicaba en el condicionante previo de movilidad que debería tener la construcción una vez rematada, por lo que la investigación se centró en el reciclaje de elementos industriales en desuso. Esto nos llevó a convertir un viejo contenedor de 40 pies, que se había destinado a chatarra, en la estructura del edificio, de dimensiones suficientes para el uso que buscábamos. Se ha permitido de esta manera la posibilidad de traslado del pequeño edificio a distintos destinos una vez finalizado.

El proyecto en sí, buscaba conseguir además de un espacio interior confortable, una buena relación con su entorno, prolongando parte de los usos hacia el exterior en épocas estivales.

Una pieza central en el interior, que hace las funciones de cuarto de baño, ha resuelto espacialmente la zona de dormitorio hacia una parte, y la zona de dia con cocina y estar hacia la otra. Esta última, a su vez se ha prolongado hacia un porche exterior, cubierto con un toldo impermeable desmontable, cumpliendo así las exigencias de buena relación con la parcela.

La solución constructiva adoptada está condicionada por la estructura portante del edificio. Esta funciona como “piel” sobre la que se han ido adosando distintas capas que le dan su aspecto final, así como unas perfectas condiciones de confortabilidad térmica y acústica.

Tras apoyar la estructura en una cimentación corrida formada por losa de hormigón y perfilería laminar, se ha sometido al contenedor inicial a un proceso de limpieza y protección contra oxidaciones y deterioros. Ha quedado así en perfectas condiciones para recibir por el exterior una fachada ventilada de madera de pino tratada y un aislante proyectado sobre la piel de chapa. La cara interior se ha resuelto con una lámina aislante y un tablero de cartón yeso, quedando el cerramiento en condiciones idóneas de confortabilidad.

La cubierta se ha resuelto sobre una subestructura metálica que contiene un vaso realizado con tablero contrachapado fenólico, perfectamente impermeabilizado y aislado, y con acabado final de grava.

La posición de los huecos en las fachadas así como la tipología de aperturas tienen también una importancia relevante en el proyecto, para conseguir una buena relación con el exterior.